Legislación y Noticias Argentina, 5 de octubre de 2026
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La velocidad del dinero digital pone a prueba los controles contra el blanqueo

30/09/2026 | Bancos y fintech afrontan el desafío de detectar operaciones sospechosas en un entorno de pagos inmediatos, clientes a distancia y movimientos entre distintas jurisdicciones. | Elpais.com, GLOBAL


Abrir una cuenta sin pisar una sucursal, enviar dinero a otro país o realizar un pago en cuestión de segundos son operaciones habituales en un sistema financiero cada vez más digital. Esa misma rapidez, sin embargo, plantea un desafío para bancos y empresas de tecnología financiera: detectar a tiempo cuándo una operación aparentemente ordinaria puede esconder blanqueo de capitales, financiación del terrorismo u otra actividad ilícita.

El problema no se limita a identificar una transacción sospechosa. Las entidades tienen que saber quién está detrás de una cuenta, entender el origen de los fondos en los casos que presentan mayor riesgo y vigilar las operaciones durante toda la relación con el cliente. También deben poder demostrar ante el supervisor que esos controles no existen únicamente sobre el papel.

De ahí que la prevención del blanqueo se haya convertido en una tarea que atraviesa buena parte de la actividad financiera. Los programas conocidos como AML, por las siglas en inglés de anti-money laundering, comienzan incluso antes de aceptar a un cliente y continúan mientras este mantenga una relación con la entidad.

Saber quién está detrás del dinero

El punto de partida es conocer el riesgo. No todos los clientes, productos, canales de contratación o países presentan las mismas características. Las entidades evalúan esos factores para decidir qué controles aplican y con qué intensidad.

La identificación del cliente ocupa un lugar central en ese proceso. Las políticas conocidas como KYC, por las siglas inglesas de Know Your Customer (conozca a su cliente), buscan comprobar la identidad de quien contrata un servicio y conocer el propósito de la relación comercial. Cuando el riesgo es mayor, las comprobaciones pueden extenderse al origen de los fondos.

La tarea se complica con las sociedades. No basta necesariamente con identificar el nombre de una empresa: también hay que determinar quién controla o se beneficia realmente de ella. Las estructuras societarias con varias capas o repartidas entre diferentes jurisdicciones pueden hacer más difícil esa identificación.

Pero conocer al cliente en el momento de abrir una cuenta tampoco basta. Su comportamiento puede cambiar. Una cuenta que durante meses registra movimientos habituales puede comenzar a recibir transferencias de procedencias distintas o a enviar fondos siguiendo patrones que requieren un examen adicional.

El cumplimiento AML exige que las entidades mantengan vigilancia continua sobre las operaciones de sus clientes para detectar patrones que sugieran lavado de dinero, financiación del terrorismo u otras actividades ilícitas. Los sistemas de monitoreo moderno combinan reglas fijas con modelos de machine learning que aprenden de los patrones históricos de la entidad.

Cuando una alerta no significa necesariamente un delito

Los sistemas de vigilancia trabajan precisamente sobre esas anomalías. Una operación que se aparta del comportamiento esperado puede generar una alerta, pero eso no significa por sí solo que exista una actividad ilícita.

Ahí comienza una de las partes más delicadas del proceso. La entidad tiene que examinar la información disponible, determinar si existe una explicación para el movimiento y decidir si procede comunicarlo a la unidad de inteligencia financiera correspondiente.

La tecnología permite procesar un volumen de información difícil de asumir exclusivamente mediante equipos humanos. Puede contrastar clientes con listas de sanciones, analizar grandes cantidades de transacciones y detectar comportamientos que merecen una revisión más detallada.

Los modelos de aprendizaje automático también se utilizan para buscar patrones a partir de operaciones anteriores. Pero automatizar la detección no elimina la necesidad de tomar decisiones. Cuando una alerta admite más de una explicación, sigue siendo necesario que un profesional examine el caso.

Y esa decisión debe dejar rastro. Quién revisó la alerta, qué información tuvo en cuenta y por qué decidió descartarla o continuar investigándola forman parte de la documentación que permite reconstruir posteriormente la actuación de la entidad.

El reto añadido de las fintech

La digitalización ha añadido otra dificultad: buena parte de la relación financiera puede desarrollarse sin contacto presencial. Las fintech pueden incorporar clientes a distancia y prestar servicios a personas situadas en distintos países, mientras las operaciones se ejecutan prácticamente de inmediato.

Ese modelo obliga a trasladar al entorno digital controles que durante décadas estuvieron asociados a procedimientos presenciales. Verificar que un documento es auténtico, comprobar que corresponde a la persona que intenta abrir una cuenta y detectar posibles suplantaciones forman parte de ese proceso.

La rapidez también reduce el margen de reacción. En los servicios financieros digitales, una operación puede completarse antes de que una revisión manual sea viable. Los sistemas de vigilancia deben, por tanto, combinar controles automáticos con mecanismos que permitan detener, revisar o investigar las operaciones cuando corresponda.

En Europa, las empresas tecnológicas que prestan servicios financieros están sujetas a las obligaciones de prevención que correspondan a su actividad. Las autoridades han desarrollado directrices para aplicar un enfoque basado en el riesgo también a los modelos digitales.

El control que existe en el papel y falla en la práctica

Uno de los problemas de un programa contra el blanqueo aparece cuando hay distancia entre el procedimiento escrito y lo que ocurre cada día. Una entidad puede disponer de políticas para actualizar los datos de sus clientes, investigar alertas o revisar determinadas operaciones y, sin embargo, fallar en su ejecución.

Por eso, la eficacia de estos programas no depende únicamente de acumular controles. También importa saber si se utilizan, si las alertas reciben respuesta y si las decisiones pueden justificarse después.

La prevención del blanqueo se convierte así en un proceso continuo. Cambian los clientes, aparecen nuevos productos, se abren mercados y evolucionan también los métodos utilizados para mover u ocultar fondos. Un sistema diseñado para un determinado modelo de negocio puede quedarse desfasado si la actividad de la empresa cambia y sus controles permanecen iguales.

Las consecuencias de esas deficiencias tampoco terminan necesariamente en una sanción. Los problemas de cumplimiento pueden afectar a las relaciones con otras entidades financieras y contrapartes que evalúan sus propios riesgos antes de mantener o iniciar una relación comercial.

El desafío para bancos y fintech consiste, por tanto, en mantener el equilibrio entre dos velocidades distintas: la de unas operaciones financieras cada vez más inmediatas y la de unos controles que necesitan información suficiente para decidir cuándo un movimiento merece una investigación.

Entre las fuentes de referencia para estas obligaciones se encuentran las directrices de la Autoridad Bancaria Europea (EBA) sobre prevención del blanqueo de capitales y las evaluaciones mutuas de países del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI).

FUENTE: Elpais.com, GLOBAL